En manos humanas by Richard C. Francis

En manos humanas by Richard C. Francis

autor:Richard C. Francis [Richard C. Francis]
La lengua: spa
Format: epub
ISBN: 9788491875154
editor: DIGITAL BOOKS
publicado: 2019-08-01T16:00:00+00:00


Figura 10.1. Dromedarios con una carga poco convencional (equipo de inmersión) cerca de Dahab, en la península del Sinaí.

Los tramos llanos de arena eran mucho mejores, aunque aun así nada cómodos. El jefe de la expedición me había dicho que el movimiento del dromedario era como el de una mecedora, pero esa analogía no me parecía correcta. Si el dromedario era una mecedora, era una defectuosa, con un movimiento lateral —lo que los marineros llaman «alabeo»—, así como un movimiento hacia delante y hacia atrás. Hasta que no me puse a investigar para escribir este libro, no descubrí que el origen de esta dimensión añadida del movimiento de un camello es su paso característico, llamado «andadura» (véase el apéndice 10 en la página 289).

La gran mayoría de ungulados (mamíferos con pezuñas) usan un paso llamado «trote» a velocidades que van entre el paso y el galope. En el trote las patas se mueven emparejadas en diagonal: la trasera derecha con la delantera izquierda, y luego la trasera izquierda con la delantera derecha, etcétera. Como se requieren dos de esos movimientos para completar el ciclo, se dice que el trote es un paso en dos tiempos. La andadura también lo es, pero en este caso las patas de un lado se mueven al mismo tiempo: la trasera izquierda con la delantera izquierda, y la trasera derecha con la delantera derecha. Los camellos son los únicos que usan la andadura a cualquier velocidad, de un paso lento a lo que en la mayoría de los ungulados sería un galope. Inevitablemente, los andadores se balancean hacia los lados. Y cuanto más rápida sea la velocidad de la andadura, más peligroso es para los jinetes, tal como descubrí cada vez que el dromedario de detrás empujaba al mío, que era a menudo. La andadura y el consiguiente balanceo le dieron un nuevo significado al conocido apodo de los camellos, «barco del desierto», ya que provocaba los mismos mareos que un barco.

Una idea recurrente que me venía a la cabeza era el viejo dicho de que los camellos son caballos diseñados por un comité de expertos. Pero eso es una actitud occidental provinciana. Los camellos no son caballos con defectos; en muchos sentidos son superiores. Pueden cargar mucho más, y pueden llevar su carga a lugares a los que ningún caballo podría llegar, a algunos de los lugares más inhóspitos de la Tierra. Tan efectivos son en este sentido que los beduinos de hecho abandonaron el transporte rodado, al considerarlo un medio de transporte inferior en los desiertos de arena en los que viven.1 Eso no cambió hasta la introducción de los todoterrenos, durante la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a su aspecto físico, los camellos salen mal parados al compararlos con los caballos. Con esa mueca en la cara y los labios caídos tienen un aspecto algo desastrado; y la joroba puede parecer una deformidad, especialmente cuando la llevan ladeada hacia un lado. Esas «rodillas» nudosas tampoco contribuyen a mejorar su aspecto, ni tampoco el cuello, largo como el de una cigüeña.



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